Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
Juan 11:25-26
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domingo, 21 de junio de 2015

Toda la ciudad se conmovió



Hoy es el día cuando las congregaciones cristianas celebran la entrada victoriosa de Jesucristo en Jerusalén; y este día es comúnmente referido como el domingo de ramo. Y este día es el que marca el inicio del evento más importante de todo cristiano, esto es la crucifixión y resurrección de Jesucristo. A esta semana se le conoce como semana santa.

Ahora bien, me detengo aquí por un breve instante para aclarar algo. He usado dos términos populares: “domingo de ramo” y “semana santa”; esto dos términos son más bien católicos que cristianos; lo importante a notar es que las congregaciones cristianas no siguen los rituales y ceremonias establecidas por la iglesia católica durante esta época, ya que lo que esa institución ha establecido no es bíblico. Pero los términos que les exprese son universalmente reconocidos por los cristianos, y sirven para describir esta época del año. Estos dos términos también sirven para enfocar la atención de muchos en lo genuinamente importante. ¿Qué es lo genuinamente importante? Lo realmente importante es la muerte y resurrección de Jesucristo. Lo genuinamente importante es el acto de redención de nuestros pecados que Cristo hizo en la cruz del calvario.




No pienso que tenga que decirles esto, pero en este tiempo de la historia Jesucristo era bien reconocido, ya que Él había realizado varios milagros, incluyendo la resurrección de Lázaro, y los testigos de sus obras daban testimonio de lo que habían presenciado [1]. Y debido al conocimiento de sus obras, los que estaban reunidos en Jerusalén salieron para recibirle.

El pueblo de ese entonces, tanto los creyentes (cristianos) como los judíos, salieron a la calle a recibir a quien ellos esperaban que fuese su libertador, en otras palabras, al Mesías que había sido profetizado en las escrituras. Las personas salieron a recibirle jubilosamente, y con gran gozo, pero el ánimo de las personas no duraría por mucho tiempo, sino que cambiaría bruscamente. Y ahora debemos preguntarnos, ¿qué produjo que el ánimo de júbilo y gozo se convirtiera en odio y rencor? Este será el tema de nuestro estudio de hoy.

Mateo 21:8-11 - Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡¡Hosanna al Hijo de David! ¡¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡¡Hosanna en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, será necesario que hagamos un breve repaso de historia. Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice que la multitud en Jerusalén “…era muy numerosa…” El historiador judío Flavio Josefo calculo que el número de personas en Jerusalén para la celebración de las pascuas, numeraba no menos de 3,000,000 personas [2]. Para que podamos imaginarnos mejor la multitud de personas que esto representa, se estima que la celebración de año nuevo del 2015, en Times Square, fue asistida por 1,000,000 de personas. Así que ahora multipliquen esa cantidad por tres, y entonces tendremos una buena idea de la cantidad de personas presentes en Jerusalén cuando nuestro Señor entro en ella por última vez. ¿Por qué había tanta gente reunida en la ciudad? La razón por la que había tanta gente reunida en la ciudad, y la razón por la que Jesucristo fue a Jerusalén, era porque iban a celebrar las pascuas. Cuya celebración era, y es, un mandato perpetuo de Dios para conmemorar la liberación de los hijos de Israel de la esclavitud a Egipto [3]. Las pascuas fueron, y continúan siendo, la celebración más importante para el pueblo judío, y es un tiempo de celebración, reuniones familiares, oraciones, etc. En la nación de Israel la celebración consiste de siete días feriados, donde el primer y último día se celebra como un festival. Bueno, hasta aquí el repaso de historia. Continuemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy.

Habiendo establecido que la multitud era numerosa, procedemos y vemos que las personas que salieron a recibirle: “…tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino…” y ahora debemos detenernos aquí por un breve instante y preguntarnos, ¿qué significa esto?

La conducta de estas personas nos indica que ellos no salieron a recibir a una persona cualquiera, o quizás popular, como seria en actualidad salir a recibir a un artista de cine o de música, etc. La conducta de estas personas nos indica que ellos habían salido para recibir realeza, en otras palabras, para recibir a su rey. La razón por la que digo esto es porque este tipo de recibimiento es el que se le daba a un rey después de haber ganado una guerra, conquistado nuevo territorio, etc. La conducta de este pueblo nos indica, que ellos sentían que la tierra no era lo suficientemente buena para que Jesús caminara sobre ella; como dicen los americanos, ellos le estaban extendiendo la alfombra roja a Jesús.

La multitud estaba gozosa y todos clamaban diciendo: “… ¡¡Hosanna al Hijo de David! ¡¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡¡Hosanna en las alturas!..” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…¡¡Hosanna en las alturas!..” ¿Por qué estaban tan gozosos? Ellos sentían gran gozo en sus corazones porque ellos creían firmemente que el Mesías que había sido profetizado, había llegado a liberarles de la opresión romana [4]. Todos clamaban diciendo: ¡¡Hosanna!; pero ahora permítanme hacer una pregunta. ¿Cuántos conocen la definición de esta palabra? La palabra hosanna es una traducción de la palabra hebrea “ὡσαννά” (pronunciada: jó-sá-ná) [5], y es una interjección gramatical de la palabra raíz hebrea “יָשַׁע” (pronunciada: ya-ché-a), que se define como: “ser liberado, ser salvo, ser salvo en la batalla, ser victorioso” [6]. ¿Por qué he cubierto tanto la definición de esta palabra? La razón por la que he cubierto la definición de esta palabra con tanto detalle, es porque los detalles de la definición nos permite claramente ver, que lo que la multitud estaba clamándole al Señor es que les salvara y liberara de la opresión romana. En otras palabras, la multitud inicialmente reconoció a Jesucristo por quien Él es, el Rey y Mesías; pero desdichadamente el ánimo y convicción de la mayoría de este pueblo que salió a recibirle pronto cambiaria drásticamente. Este pueblo que salió a recibir al rey triunfante pronto escogería aceptar a un homicida en la comunidad, en vez de a Jesús [7]. ¿Por qué sucedió esto? ¿Por qué cambio el ánimo y opinión de este pueblo tan drásticamente?

Lo más obvio de todo es que sucedió para que se cumplieran las profecías acerca del Señor (el Señor cumplió más de 300 profecías mesiánicas con su ministerio y muerte). Y también tenemos el hecho de que Él mismo les había enseñado a los discípulos lo que acontecería en Jerusalén, según encontramos en Mateo 20:18 cuando Él les dijo: “…He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte...” La razón menos obvia por la que este pueblo cambio de opinión y espíritu tan drásticamente, fue porque el Señor no actuó de la manera que ellos querían y esperaban. ¿Qué es lo que ellos querían y esperaban?


Lo que este pueblo quería y esperaba era un rey guerrero que iniciara una revolución en contra de Roma; ellos querían un rey guerreo que venciera las fuerzas de ocupación romana y les liberara de su opresión, pero el Señor no llego atacando a los romanos, sino que llego y exponiendo el pecado que existía en los líderes religiosos de ese entonces [8]. El pueblo quería un rey que iniciara una revolución y les liberara de pagar los impuestos a Roma, sin embargo Jesús llego enseñando que continuaran pagando [9]. El pueblo quería y esperaba un rey guerrero que dirigiera una revolución que unificaría a las comunidades y lideres de ese entonces, si embargo, Jesús llego revelando la malicia y pecado que existía en el pueblo [10]. Ese pueblo quería y esperaba un rey guerreo que dirigiera una revolución en contra de Roma, pero la misión que Jesús vino a cumplir es superior a la liberación de un solo pueblo. La misión que Jesús vino a cumplir no fue en contra de un imperio temporal, sino que vino para liberar a la humanidad del reino de las tinieblas [11].

Todo cristiano fiel tiene la promesa de algo superior a lo que podamos encontrar en la tierra. En Apocalipsis 22:1-5 encontramos que se nos dice: “…Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. 3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5 No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos…” Y esto es lo que vino Jesucristo al mundo para entregarnos. Esto es a lo que vino Jesucristo a entregarle al pueblo de ese entonces, pero ellos no le aceptaron. La triste realidad es que el pueblo de ese entonces, y muchos en la actualidad rechazan la identidad del Señor, para aceptar doctrinas e inventos del hombre.

Pero, el día se avecina cuando se cumplirá lo que nos dice el Señor en Mateo 24:27 al leer: “…Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre..;” y tristemente, para muchos éste día no será razón para celebración. Quiero que quede bien claro, que yo no estoy tratando de intimidar o asustar a nadie con nada de lo que les he dicho. Pero el regreso del Señor no será un día de celebración para muchos, y esto es algo que el Señor nos dice claramente en Mateo 24:30-31 cuando leemos: “…Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…lamentarán todas las tribus de la tierra…” ¿Quién lamentara? Lamentara todo aquel que no supo, o no pudo completamente aceptar la verdad de Dios. Pero, ¿por qué se les hace tan difícil a muchos no aceptar la verdad de Dios?

La razón por la que el pueblo de ese entonces no pudo aceptar la verdad de Dios, y la razón por la que hoy en día existen tantos que no están dispuestos a aceptar la verdad de Dios, es porque muchos se han acercado a Dios con una actitud incorrecta. Digo esto porque al igual que el pueblo de ese entonces, muchos llegan a Dios demandando, en otras palabras, en vez de llegar ante Dios y preguntarle, ¿mi Dios que puedo hacer para agradarte? Muchos llegan a la presencia de Dios demandando, ¿Dios que vas a hacer por mi? Y este no es una actitud que agrada a Dios, ya que como nos dice el Señor: “…Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas…” (Lucas 12:31). ¿Cómo debemos y tenemos que llegar a la presencia de Dios? Debemos y tenemos que llegar buscando su presencia en nuestra vida. Debemos y tenemos que llegar honrando y bendiciendo Su nombre.

Una de las razones por la que el hombre se acerca a Dios con una actitud incorrecta, es porque por naturaleza, las personas somos visuales. Esto quiere decir que confiamos más en lo que vemos que en lo que leemos. Definitivamente este fue el caso con el pueblo de Dios en ese entonces. Digo esto porque como les mencione, con su nacimiento y ministerio Jesucristo cumplió más de 300 profecías mesiánicas, y existe gran peligro en confiar más en lo que vemos que en lo que leemos. La razón por la que digo esto es porque, cualquier persona puede aprenderse y realizar un truco de magia que nos dejará desconcertados, y si no estamos completamente confiados de la palabra de Dios, entonces estamos en riesgo de ser engañados. Y esto es algo que se nos advierte claramente en Marcos 13:22 cuando leemos: “…Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos…” Y tropezarnos con este tipo de personas hoy en día no es algo difícil. Como todos sabemos, existen muchos supuestos cristianos que claman venir en el nombre del Dios, pero cuando examinamos sus frutos, y exploramos sus doctrinas, pronto se hace evidente que de cristianos no tienen ni siquiera una letra. Y es por eso que siempre debemos mantenernos alertas; no confiemos más en lo que vemos, sino confiemos en lo que la palabra de Dios nos revela.

Para concluir. El pueblo de ese entonces inicialmente recibió Jesús en Jerusalén como a un rey triunfante, pero la actitud de las personas pronto cambio. El pueblo le recibió clamando: “¡Hosanna!” El pueblo le recibió en clamor pidiéndole que les salvara, y a la salvación del pueblo de Dios fue a lo que vino Jesucristo. El Señor vino a entregarles la reconciliación con Dios y a salvarles de las manos de Satanás, pero ese pueblo rechazo lo que Dios les había brindado. En Juan 1:10-11 encontramos que se nos dice: “…En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…los suyos no le recibieron…” No cometamos nosotros el mismo error.

Clamemos ahora todos juntos y a toda voz, ¡¡Hosanna!! Señor mi Dios. Recibamos a Jesús en nuestra vida, reconociéndole por quien Él es. Clamemos a Él con toda voz diciendo: Jesús tu eres el rey de mi vida. Clamemos a Dios pidiendo su presencia en nuestra vida, digámosle: “.¡¡Hosanna al Hijo de David!..” Nunca dejemos de confiar en Su palabra, y permitamos que entre en nuestra vida como rey triunfante. Clamemos ahora en voz alta y digámosle: ¡¡Hosanna!! Señor mi Dios.

Escrito por Jose R. Hernandez

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